Están entrando a un lugar lleno de magia donde yo......
Soy anfitriona...Deberán saber que en otra oportunidad ustedes serían mis víctimas pero en esta ocasión solo busco vuestra compañía...Compartir gustos y momentos agradables...Yo los invito a caminar a mi lado en las tinieblas...Yo los invito a entrar...Los guiaré para que vuestros ojos se deleiten ante miles de mundos creados por mágicas manos...Y a veces los dejaré entrar a mi propio mundo que encontrarán en mis palabras... Solo se pide que dejen vuestra huella...Vuestro susurro...Vuestras miradas...En definitiva vuestra presencia para poder existir...Si ustedes están ahí...Yo siempre estaré aquí...Envuelta en tinieblas...
Un saludo muy sincero..

jueves, 12 de enero de 2017

Relato de un libro oscuro

Ni yo misma se explicar qué me llevó a interesarme por el caso del profesor Hernando, aquel apacible erudito que un buen día (es un decir) salió a la calle con una pistola automática en la mano y empezó a disparar indiscriminadamente contra todos los viandantes que se ponían a su alcance. A pesar del tiempo transcurrido, los testigos aún palidecen al recordar CÓMO dos personas murieron y otras cuatro resultaron gravemente heridas antes de que el profesor fuera reducido por la policía.
Seguramente, el número de víctimas mortales hubiera sido mucho mayor de no ser por la deficiente puntería de Hernando, pues no hay duda de que en todo momento disparó a matar. Teniendo en CUENTA la naturaleza del agresor, que hasta entonces había sido un hombre de vida pacífica y retraída, se da por hecho que sufrió un súbito ataque de locura, aunque no todos los expertos que han examinado el caso concuerden con tal hipótesis. También contribuyeron a sembrar dudas sobre su salud mental las extrañas e incoherentes palabras que escribió antes de suicidarse en su celda, pocos días después de la masacre: “Engañado por las falsas seducciones del Libro Oscuro, permití que la maldad entrara en mi alma, pensando que ella me abriría las puertas del Poder y del Conocimiento supremos. Pero nadie más volverá a caer en la trampa que me ha arrojado al Infierno: ahora el Libro reposa en el lugar que le corresponde: lugar de tinieblas y olvido, donde, como dice el profeta Isaías de la condenada Babilonia, los vampiros hallarán su refugio”.
Según creo, solo yo he intentado darles una interpretación coherente a esas enigmáticas líneas y lo cierto es que lo he conseguido sin demasiado esfuerzo. Por lo menos para mí, resultaba patente que se referían a cierto libro, que el profesor Hernando consideraba directamente relacionado con sus crímenes y que se hallaba oculto en algún lugar siniestro “donde los vampiros hallarán su refugio” (Isaías XXXIV, 14). Sin duda, los vampiros son criaturas mitológicas, pero es normal asociarlos a los murciélagos, aunque tal relación se deba más a las películas de terror que a una tradición legendaria genuina. Entonces pensé en cierta caverna, situada en la ladera de una de las abruptas montañas que rodean la localidad donde vivía Hernando. Dicha caverna es famosa entre los naturalistas porque en su interior se halla una de las principales colonias de murciélagos de toda Europa… lo cual me pareció desde el principio un DATO muy interesante. También me pareció revelador el hecho de que la cueva, pese a hallarse relativamente cerca de la villa, casi nunca reciba visitas, pues, además de ser un lugar realmente siniestro y de difícil acceso, los gases producidos por las deyecciones de los murciélagos hacen el ambiente casi irrespirable. Un buen lugar, sin duda, para ocultar algo.
Así, dispuesto a probar la veracidad de mis conjeturas, me hice con el equipo adecuado para una expedición espeleológica, me encaminé hacia la montaña donde se halla la caverna y penetré en aquel reino de tinieblas, donde, tras una larga y ardua búsqueda, encontré un paquete envuelto en tela impermeable. Tras asegurarme de que aquel paquete contenía el objeto de mi búsqueda, retorné al mundo exterior y, tras un breve descanso, examiné con suma atención aquel viejo volumen de tapas negras y páginas amarillentas, que Hernando había llamado “el Libro Oscuro”. Al reconocer la verdadera identidad del libro, recibí una sorpresa tan grata como turbadora, pues, aunque había oído hablar de él en NUMEROSAS ocasiones, hasta entonces había considerado su existencia una mera leyenda: se trataba de un ejemplar íntegro (quizás el único que quedaba en el mundo) de la edición francesa del Al-azif, financiada por el conocido ocultista Collin de Plancy e impresa clandestinamente en París a mediados del siglo XIX.
Como domino la lengua francesa, no tardé en sumergirme con verdadera pasión de bibliófilo en las enrevesadas líneas de aquel libro diabólico: acaso el tratado de magia negra más temido de todos los tiempos, cuya versión original había sido redactada en árabe DURANTE la Edad Media, y que durante siglos había circulado en secreto entre los magos del Oriente y los hechiceros de la Europa medieval, pese a que su lectura había sido terminantemente prohibida por las autoridades religiosas de cristianos y musulmanes.
Me bastó con leer un par de páginas para comprender por qué el profesor Hernando había disparado contra personas inocentes a las que ni siquiera conocía… y qué esperaba obtener a cambio. El Libro Oscuro demostraba, con argumentos irrefutables, que la verdadera esencia del universo es el Mal y que los sostenes de toda realidad, en especial de la naturaleza humana, son el Pecado y la Destrucción. Por el contrario, aquellas cosas que nosotros consideramos fuente de vida, COMO el amor o la felicidad, apenas tienen importancia en el verdadero esquema de las cosas. De hecho, apenas existen, sólo son finísimas películas de grasa flotando sobre un océano de profundidad inconmensurable, o efímeros chispazos de luz que alteran durante un instante la negrura de una noche eterna y luego se desvanecen para siempre. Como consecuencia de todo ello, el hombre sabio es aquel que renuncia a esas falsas ilusiones y une su alma a la Fuerza Primordial del universo, es decir, la Maldad, que a cambio le otorgará poderes y conocimientos más allá de los límites ordinarios. Pero, si ello es así, ¿por qué el profesor Hernando no había recibido su recompensa por haber llevado el horror y la muerte a sus estúpidos vecinos?
Entonces reflexioné y hallé la respuesta: como ya he dicho antes, el difunto profesor había disparado contra personas inocentes a las que ni siquiera conocía. Aquel fue su error, el error fatal que deslegitimó su apuesta por el Mal y le impidió acceder a la suprema sabiduría del Infierno. Dice Jesús en el Evangelio de San Mateo: “Amad a vuestros enemigos. (…) Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? (…) Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más?” Y del mismo modo el Mal, que, siendo más real que el Bien, no PUEDE ser menos exigente, dice: “Dañad a vuestros amigos. Pues si dañáis a los que os ignoran, ¿qué recompensa tendréis? Y si herís sólo a vuestros enemigos, ¿qué hacéis de más?” Por tanto, llevar el miedo y la muerte a personas desconocidas, como hizo el difunto Hernando, carece de todo mérito. Lo que hay que hacer es llevar el miedo y la muerte a quienes nos aman, nuestros amigos o, mejor aún, nuestros padres, hijos o hermanos, pues sólo así se alcanzarán las verdaderas cumbres del Pecado y el Premio correspondiente.
Así pues, yo, que no me he limitado a leer el Libro Oscuro con los ojos, sino que también he sabido interpretarlo con mi inteligencia, triunfaré donde el necio profesor Hernando fracasó miserablemente. El verdadero horror empezará pronto y yo seré su emisario. Pero antes, y por mucho que le pese a mi corazón de bibliófilo, debo deshacerme del Libro Oscuro para siempre, pues yo ya le he extraído toda su sustancia y no deseo que otros ojos se posen sobre él en el FUTURO…

NOTA DEL EDITOR: Aquí terminan las notas que escribió X, director de la Biblioteca Municipal de O…, ANTES de asesinar brutalmente a toda su familia (esposa, padres e hijos). El psiquiatra forense se empeña en relacionar los crímenes con un claro caso de perturbación mental, aunque es posible que la historia del Libro Negro sea cierta (se ha comprobado que el asesino había estado en la cueva de los murciélagos unas cuantas horas antes de la masacre y además se ha hallado en la chimenea del salón de su casa un amasijo de cenizas, que podría ser el resultado de la cremación del libro).
El resto de la historia es bien conocido por el público, pese a que aún hay muchos puntos oscuros al respecto: pocos días después de haber sido arrestado, X fue trasladado al hospital provincial, a raíz de unas anomalías orgánicas que habían empezado a manifestarse inmediatamente después de su detención y que exigían un examen médico imposible de realizar en la cárcel. Pero X nunca llegó al hospital, sino que desapareció para siempre, dejando tras él los cadáveres horrorosamente mutilados de los dos agentes que lo custodiaban. Aún hoy resulta imposible explicar cómo un hombre de constitución física más bien débil, y que debía estar esposado, pudo eliminar de tal manera a dos guardias jóvenes, fuertes y bien armados, pero los hechos están ahí y, aunque no podemos explicarlos, tampoco podemos ignorarlos. Lo único claro es que DESDE entonces no hemos vuelto a tener noticias de X, pese a los esfuerzos de la policía y la Guardia Civil para hallar su paradero. Un amigo mío, bibliófilo y amante del ocultismo, lamenta la pérdida del Al-azif, suponiendo que realmente tal volumen hubiera sido hallado y posteriormente quemado por el asesino, pues afirma que la presunta destrucción del Libro Negro ha sido una verdadera pérdida para la Humanidad. Yo, en cambio, opino que ha sido, más bien, una suerte.

La catedral de los libros:

Os dejo un fragmento de mi primera novela, La catedral de los libros, una historia llena de misterios, donde lo imposible sorprende, y el amor lo envuelve todo.
La catedral de los libros:
Había soñado un montón de tonterías y tenía hambre. En casa nunca había oído rugir mis tripas, la nevera siempre estaba llena, toda la cocina lo estaba, y mama tenía una cocinera que le ayudaba. Esperé más de una hora hasta que me entregaron el trasto, y, cuando por fin tuve la moto delante (que seguía tan indiscreta como especial para mí), lo primero que tenía que hacer era echar gasolina o me quedaría tirado en cualquier momento. Busqué una gasolinera después de comerme un bocadillo dentro del aeropuerto… Echaba de menos las comidas tan ricas de casa.
Saqué una moneda del bolsillo y me la jugué a cara o cruz, la lancé y… ¡cruz! Vale, a la derecha. Encontré fácilmente una gasolinera, casi me dejo tentar y compró unos mapas. En el fondo sabía que era un inconsciente y eso era lo que me hacía querer seguir. Era adrenalina en estado puro… seguro que cuando Claire se atrevió a enseñar mi trabajo no pensó en algo así, ¡seguro que no! Conduje despacio, no quería forzarme. Había pasado demasiado tiempo sentado en el avión, así que paré en un gran parque y anduve un poco para desentumecerme. Me crucé con varias parejas que paseaban. El aire entrando en mis pulmones, mas limpio y fresco que el de Nueva York, era muy agradable; solo habían pasado quince minutos y ya tenía la sensación de conocer el lugar. Puede que solo fuera la necesidad de arraigarme de alguna forma, protegerme de lo desconocido y no sentirme solo a merced de los elementos, de no sentir miedo como el que sentí la última vez en el hospital. Nunca me había sentido solo.
Volví a por la moto y reanudé la marcha. Acordé conmigo mismo parar cada tres horas. Conducía todo el tiempo con una buena faja lumbar, y en esa ocasión continué un poco más hasta que encontré un lugar que estaba lleno de pequeñas casas en hilera. Parecía un pequeño pueblo de paso, no entendía los carteles, pero cuando leí uno en ingles supe que estaba en una zona residencial. Todo estaba muy cuidado. Algo si llamó mi atención: los coches estaban todos juntos y perfectamente alineados, cercados por una valla de madera. Era buena idea, así se veían las calles despejadas; todo parecía más grande y se apreciaba mejor. Sin duda era un bello lugar para vivir, pero no era raro, demasiado tranquilo para lo que yo estaba acostumbrado. Continué, no quedaba mucho para que anocheciera y tenía que encontrar un sitio para dormir.
Resultó que cada cierto tiempo me iba encontrando con residenciales parecidos al primero. Al cuarto paré; era grande y los coches estaban aparcados en las puertas. Me crucé con varias personas, también pasé por delante de una peluquería y una licorería. Me animé a entrar con la esperanza de poder recibir ayuda, y de nuevo la sensación de tranquilidad me envolvió a pesar de la gente y la música. Desde la barra de la licorería me contemplaba impasible una mujer de pelo blanco, robusta y con gafas. Apenas me dirigí a ella en inglés se puso a gritar mirando hacia un lado, entonces salió un hombre sonriendo. Era un clon de la mujer, también robusto, con gafas y pelo blanco… su doble masculino. Contuve la risa mordiéndome la lengua.
-Disculpe a mi esposa, no habla bien su idioma, ¿qué le sirvo?
No me apetecía tomar nada e igualmente pedí una cerveza. Me parecía justo a cambio de información y, encima, tuve mucha suerte; justo al salir del residencial por la parte de arriba había una casa de huéspedes. La mayor parte del año permanecía cerrada, pero habían abierto hacía tan solo dos días. Pagué a aquel hombre dándole las gracias. Cuando me estaba guardando el dinero caí en algo, en el sobre había dólares y otro tipo de moneda pero la mayor parte eran libras irlandesas, ¡no había reparado en ello en todo el tiempo! Seguía sin prestar atención… me quedé muy sorprendido, era como si todo el tiempo algo me estuviera empujando a llegar hasta allí, ¡qué tontería! Me podía haber ido a cualquier otro lugar del mundo, encontrar la guía turística solo había sido casualidad. ¡Ya estaba otra vez desvariando! Llegado ese punto sabía que tenía que dormir y descansar.

Me arrodillé muy despacio con su ayuda, en el fondo de la estantería había un libro incrustado.
-Zora, acércame la linterna –me la dio y enfoque. ¨La Catedral de los libros¨ lo intente sacar pero no pude, en la mochila llevaba las tijeras, Zora me las dio y con la punta fui desencajando el libro, estaba echado hacia adelante y un poco doblado, la cadera me estaba matando ¡Ag!, chille de dolor.
-¡Para!, para un momento, déjame a mí.
Lo intento ella y en poco tiempo consiguió sacar el libro, lo dejo en la mesa y me ayudó a ponerme en pie. Me había dejado las pastillas en la habitación.
-Debió ser un accidente muy grave.
-Lo fue, estuve tres días en coma –me cogió la mano y la acaricio.
-Nunca pensé que me enamoraría de un hombre tan….
-¿Tan qué Zora?
-No lo sé.
-Ni yo de una mujer tan atrapada por las circunstancias…–nos reímos. De repente las risas pararon y miramos el libro.
Permanecimos allí hablando hasta que me encontré mejor y pude andar, Zora me pidió llevar el trasto, le dije que no, aquella moto pesaba demasiado. Tardamos bastante en llegar a Galkay. La dejé en su casa, íbamos llenos de barro, y teníamos que asearnos. Las botas pesaban el doble.

Habían pasado tres días desde mi hallazgo en el árbol, tres días sin salir de la habitación, estaba llena de libros, apuntes y notas por todos lados, tres días sin verla, había estado leyendo sin parar, alternando el libro nuevo, el de el campanario y los demás, estaba sin ducharme y afeitarme y las provisiones de la nevera agotadas. Tenía que salir y respirar aire, mi cabeza estaba llena de datos y cifras, el cuaderno lleno y a ella abandonada, necesitaba verla. Bajé al salón y me senté en el poyete-barra.
-¡Dichosos los ojos!
-Hola, Oscar. Me sirvió y luego me miró varias veces de reojo, contuve la risa y solo lo miré un instante, estaba secando la vajilla y cuando termino se acercó. Mientras me echaba mas café me pidió que entrara en su casa.
-Muchacho, algo no va bien.
-¿Qué no va bien? –nos sentamos.
-Ayer vino el señor Brian.
-¿Qué le dijo?
-No lo vi –no le entendía.
-Gabriel, el olor de la basura era insoportable y la saqué fuera antes.
-Oscar, ¿qué me quiere decir?
-La puerta estaba abierta y por eso se que vino, solo él tiene la llave del cerrojo y no la echo al irse.
-Pudo ser Zora.
-No, ella me hubiera dicho algo, esa muchacha siempre quiere saber cómo me encuentro.
-¿Y a que cree que vino?
-A llamar por teléfono.
-No veo el problema, querría hablar con algún amigo.
-¡Por la mañana!, el siempre ha venido por la tarde, y por la noche cuando ha venido algún hombre a buscar, pero ahora no hay nadie buscando, lo tuyo es diferente, ¿verdad muchacho?
-Sí, claro.
-Gabriel, si se entera de que te cuento estas cosas me hará la cruz y la raya.
-Oscar, le dije que le protegería, todo lo que me cuenta queda entre usted y yo.
-Te lo agradezco muchacho, estas muy ocupado y encima tienes que estar pendiente de un viejo como yo.
-No diga eso más, usted me cuida, es como un padre aquí –en ese momento se emocionó. Alguien le llamó a gritos desde el salón, respiro hondo y salió a seguir con su trabajo, yo detrás hasta la puerta del club.
Respiré profundo todo el trayecto hasta la casa roja, toqué a la puerta, estaba a punto de marcharme cuando la vi bajar por el camino, llevaba la falda roja arrastrando por la tierra, como el día que la vi por primera vez.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Unas alas de luz



Abrí la puerta y enseguida salieron revoloteando mil seres alados, virtudes, dones, caracteres, defectos, vanidades… el más audaz el Amor, volaba entre todos seguro de saber quién era.


Todos andaban siempre pendientes del Amor, pues sabían que era el más relevante, el más importante, el más poderoso. A poca distancia la Pasión le miraba de reojo, nunca podía alcanzarle con sus juegos, pero a veces cuando le tenía bien cerca formaban una pareja formidable, saltaban chispas…

Un poquito más rezagado la Nostalgia buscaba hacerse un hueco para ser notada en aquel improvisado juego de sentimientos. De repente se advirtió algo extraño, un elemento no muy bien definido, al que no se le podía poner ningún nombre tenía su cabeza baja, su mirada hacia el suelo, indicaba que estaba triste, que no lo estaba pasando bien.

Los demás sentimientos y seres comenzaron a rumorear sobre ese elemento ¿quién es? decían unos, ¿por qué está tan triste? preguntaban otros; pero nadie acertaba a dar ninguna respuesta sensata así que sin más se acercaron a él y hablaron así:

- ¿Por qué no juegas? ¿Por qué no sales volando y te diviertes como todos nosotros?

- Estoy esperando, (se oyó una voz) estoy esperando a que vengan a recogerme, ya se están retrasando…

- ¿Retrasando? ¿Esperando? pero ¿qué es lo tratas de decir? no te comprendemos, ¡explícate mejor!, (acertó a expresar el más osado carácter, la Impaciencia).

- Sí, veréis, yo soy la Tristeza y tan solo estoy esperando, dentro de unos momentos, estoy segura, volaré de la misma forma que voláis vosotros, es sólo que ahora estoy esperando.

Todos los sentimientos se quedaron muy confusos sin saber bien qué estaba esperando aquel ser que no parecía poder volar ni tan siquiera lo intentaba. Pasaron varios minutos pero por allí no aparecía nadie de los que ya estaban.

La Ilusión que jugaba con la Compasión al escondite se le acercó y le dijo: yo te comprendo, esperas que venga alguien a quien necesitas mucho, pero aunque yo me quede a tu lado no por ello puedo asegurarte que vendrá, pues yo sé que no es suficiente la Ilusión para conseguirlo.

Al rumor de la conversación se acercó la Paciencia y le dijo:

- Yo me quedo si quieres aquí un ratito, tal vez sea necesaria mi compañía si pasa el tiempo y nadie aparece. Voy a llamar al Don de la Oportunidad, tal vez nos ayude con esta espera.

También se aproximó el Orgullo pero viendo que todos andaban muy sumisos y humildes decidió no quedarse, no era su lugar, le aburría esa reunión tan pausada de débiles y entregados. Al poco rato se vio un resplandor grande en el cielo, la Tristeza se incorporó un poco y pudo percibir cómo dos alas blancas y radiantes bajaban desde los cielos para posarse con suavidad sobre su apenada y encorvada espalda.

Al contacto con su piel se fundieron en su cuerpo y majestuosas se desplegaron por encima de todos los sentimientos reunidos. Aquel sentimiento triste entonces agitó las alas y brindando una sonrisa de luz se elevó al cielo y llamando a su lado al resto de sus compañeros se puso a jugar y disfrutar revoloteando por los aires.

La Paciencia viendo que ya no tenía sentido permanecer allí también agitó sus alas y se levantó del suelo. La Ilusión, ilusionada de que todo hubiera terminado bien, emprendió vuelo para reunirse contenta con sus amigos de juegos.

El Orgullo se sintió desconcertado, tal vez no había medido bien las fuerzas de la Tristeza, tal vez se había precipitado en su juicio sobre ella. Le comentó el suceso a la Soberbia que comenzó a mirar a la Tristeza con otros ojos, con más amabilidad y simpatía, tal vez pensando qué en ocasiones podían tener un mismo rostro en su fondo.

El Amor abrió muy grandes sus ojos y con total asombro mirando cómo la Tristeza se ponía una sonrisa en su cara y se confundía con la Alegría les preguntó a todos un poco asustado:

- ¿Quién es ese ser? ¿Quién es capaz de acercarse a la Tristeza, coserle unas alas y lograr implantar en su rostro una sonrisa?

-¿Quién es más poderoso que yo?, ¿quién puede ser más poderoso que yo? preguntaba insistente el Amor, totalmente desubicado.

La Esperanza, la Esperanza, ¡la Esperanza!, se oyó en ecos en el cielo el batir de alas blancas de una verdad. El Amor, miró a todos sus compañeros que revoloteaban por el cielo, miró sus espaldas… vio esa nueva luz de Esperanza en la Tristeza… y comprendió.

Fin

Miradas



Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó: -¿Qué están haciendo ustedes aquí? El obrero lo miró con dureza y le respondió:




-¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de Ingenieros, Arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos en la obra el pellejo. El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo. -Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos. Se acercó el visitante a un tercer obrero y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo: -Estamos levantando un Hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias. Además, seguro salvarán muchas vidas, y también aquí darán a luz miles de niños. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria obra. El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Piensa que el mundo es un infierno y lo será. Piensa que este mundo es parte del Paraíso y lo será.

Cinco sentidos



Cinco sentidos tenemos,los cuales debemos usar sabiamente.


Usa tu vista, para ver la belleza de la vida,para ver el interior de las personas.

No los uses para criticar maliciosamente cómo se ven o se visten los demás,o para juzgar a las personas, sólo por sus apariencias.

Usa tus oídos, para escuchar a tu prójimo,y poder ofrecerle una palabra de aliento,para escuchar los sonidos agradablesque te ayudan a olvidar las dificultades y edifican tu interior.

No los uses como un arma,o para escuchar cuando se habla mal de los demás.

Usa tu olfato para percibir el olor de las flores,del perfume, del amor.No lo impregnes con los malos olores como lo son el odio,el egoísmo, la traición.

Usa tu gusto para saborear el triunfo de tus metas alcanzadas,de los logros obtenidos con esfuerzo y dedicación.

No lo uses para saborear las derrotas de otros.

Usa tu tacto para sentir y dar amor,para tocar a las persona con tus deseos positivos,con tu caridad.

No lo uses para pedir injustificadamente.

El sexto sentido, el más importante,es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferenciaentre los otros sentidos, entre el bien y el mal,entre dar o recibir, entre construir o desmoronar.

A veces miramos sin ver, oímos sin escuchar,olemos sin percibir, probamos sin saborear, tocamos superficialmente.

Usa tus sentidos sabiamente,no se trata de cuántos tengas,sino de cómo los utilizas.

El globo y el pajaro



Vagaba un globo por el cielo y en su viaje sin rumbo se topó con un árbol y quedó atrapado en sus ramas. - ¿Cómo salgo? – pensó sin desesperarse.




Los globos están acostumbrados a no ser dueños de sus destinos. Pueden permanecer quietos decorando una fiesta o jugar alegremente de la mano de un niño. Pueden acompañar un regalo o ser ellos mismos un obsequio.

Un pájaro vio al globo atrapado entre las ramas y curioso, se posó sobre una de ellas.

- ¿Qué clase de pájaro eres? – preguntó.

- Soy un globo, no soy un pájaro – respondió con la misma tranquilidad con la que esperaba ver cómo salía de allí.

- Pero vuelas como yo, te he visto – dijo el ave.

- Es cierto, pero mi vuelo no es libre, no elijo dónde voy, no soy dueño de mi itinerario.

- Triste por cierto – comentó el pájaro - ¿Eres esclavo de la gente?

- Yo no diría eso – respondió el globo -

Pero no eres libre, tú lo has dicho, no elijes. Mírame a mí, yo ahora estoy aquí porque quiero, pero en un segundo puedo levantar vuelo y posarme en otro árbol, o en un techo. Puedo volar alto o bajo, según desee y ¿tu qué haces? Digo, cuando no quedas atrapado en las ramas de algún árbol.

- Juego con los niños, los alegro, acompaño festejos, cumplo deseos simples, provoco sonrisas, puedo ser también un obsequio y hasta tener diferentes formas.

- Suena interesante, pero… ¿dónde está tu libertad? ¿Cuándo eres dueño de ser un regalo o adornar un festejo? –preguntó el pájaro apesadumbrado.

- Nunca. Jamás elijo, las personas lo hacen por mi. Aún así no me quejo, no es una mala vida.

- No entiendo ¿Qué vida puede ser buena sin elegir? Yo, a diferencia de ti soy libre, viajo, me quedo, hago nido, lo abandono, duerno en ramas de árboles o bajo cartones. Elijo en qué techo me poso. Nadie me dice qué debo hacer, vivo feliz.

Mirando fijo al pájaro que no dejaba de enumerar el sinfín de ventajas que tenía su vida respecto de la del globo, éste le preguntó:

- ¿Alguien te espera? El pájaro quedó pensativo - Pues… no… no lo creo. En realidad, estoy seguro, nadie me espera.

- Triste por cierto – comentó ahora el globo

- ¿Y qué te hace sentir feliz entonces?

- No entiendes, ser libre, ir dónde quiero y cuándo quiero. Mírate tu ahora, atrapado entrelas ramas de un árbol del cual no saldrás, excepto que alguien venga por ti.

- Alguien vendrá por mi –respondió tranquilo el globo.

- ¿Y por qué habrán de hacerlo? Si no te encuentran, los niños buscarán otro globo, igual o diferente no se, pero se conformarán con otro verás.

- No entiendes nada. No tratas con las personas, no todo da lo mismo. Cuando un niño desea algo, quiere justamente ese algo, no otro, aunque se trate de un simple globo como yo.

- Es cierto, no tengo trato con las personas, pero las observo. Veo cómo toman o dejan algo, veo cómo usan a las cosas sin importarles de ellas otra cosa que la utilidad que le puedan sacar. -

Te vuelves a equivocar, los niños no son así. Ellos se encariñan con sus juguetes, los adornos de su cuarto y con nosotros. Por extraño que te parezca, un globo tiene mucho que ver con la infancia.

- Lo dices para consolarte, para encontrarle a tu vida un sentido que no sea el de la esclavitud, siento pena por ti.

El globo miró al pájaro sin rencor. El conocía su destino y para qué había sido creado y con ello estaba contento. Su mayor felicidad era darles felicidad a otros, aunque no dependiese de él el momento o el lugar.

El concepto de libertad, por extraño que parezca, puede no ser lo mismo para todos y el de la felicidad tampoco.

De pronto, el globo comenzó a ser tirado hacia abajo. Un llanto de niña se escuchaba de fondo. Ambos miraron hacia abajo y vieron a una niña y a su padre, quien trataba con mucho esfuerzo de tomar el hilo del globo para liberarlo.

Finalmente, el hombre tomó con fuerza el hilo, tiro aún con más fuerza de él y con una inmensa sonrisa, se lo entregó a la niña, quien de inmediato dejo de llorar.

El pájaro vio cómo la mano de la niña aferraba al globo. Miró el rostro de la pequeña y se dio cuenta qué era la felicidad.

Vio cómo el globo se alejaba con la niña y el hombre, y en el medio de su libertad, descubrió también lo que era la soledad.

Fin Liana Castello ,Escritora Argentina.-            

La flor de la honestidad



Cuenta una leyenda que por el año 250 A.C., vivía en China, un príncipe que estaba a punto de ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, antes de ser coronado, debía casarse.


Sabiendo esto, decidió hacer un concurso entre las muchachas de la corte para ver quién podía ser digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y les lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio, escuchó los comentarios sobre los preparativos y sintió tristeza porque sabía que su joven hija tenía un profundo amor por el príncipe. Cuando llegó a casa, le contó a su hija los planes del príncipe y ella sin dudarlo le dijo que también quería participar en la prueba.

La anciana no podía creerlo y le dijo: ¿Hija mía, qué vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

La hija respondió: No, te preocupes querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe y con esto ya me conformo. Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las jóvenes más bellas del lugar, vestidas con sus mejores ropas y con las más brillantes joyas.

Entonces, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será la escogida, se convertirá en mí esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: flores, costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en el arte de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y la semilla seguía como el primer día. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada ocurrió. Día tras día veía más lejos su sueño, sin embargo, su amor era cada día más profundo. Finalmente pasaron los seis meses y nada brotó de aquella semilla.

De todas maneras, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordada, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos. El día llegó, sus manos estaban vacías, mientras todas las otras pretendientes tenían una hermosa flor en sus manos. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.

La bella joven de las manos vacías sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe lo explicó: Esta muchacha, es la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en mi esposa y emperatriz, porque todas las semillas que os entregué eran estériles.





Moraleja: No importan los resultados, lo que importa es el esfuerzo y no tener miedo a la verdad, sea cual sea el resultado. Se requiere fortaleza y honestidad para afrontar la realidad de los hechos.

estoy ardiendo en versos que no nacen. Los siento, sin cabeza, remover el caudal de sangre virgen - alfilerazos hondos - en las hebras au...